Marruecos proviene de la pronunciación castellana de la palabra de orígen bereber Marrakesh, cuyo significado es "Tierra de Dios". En el árabe oficial el país recibe el nombre de “Al Maghrib”, que viene a ser algo así como "el extremo oeste" o "tierra del sol poniente", no en vano era el territorio más occidental del imperio árabe.
El nombre de las cosas no es caprichoso y ahondar en su etimología nos ayuda a comprenderlas. Un país que con solo nombrarlo nos sitúa entre el cielo y la tierra, navegando sobre una alfombra que sostienen los vientos para transportarnos a mundos de ensueño donde el sol nunca termina de ponerse.
Quizás sea ésta una de las estampas más comunes que subyacen en el subconsciente colectivo occidental cuando pensamos en Marruecos, o en otros países árabes.
Lo tenemos tan a mano, y es tan abundante en la materia prima de la que están hechos los sueños, esos que se presentan como espejismos a la vuelta de la esquina cuando la realidad cotidiana nos agota y queremos huir lejos, que es difícil sustraerse a la tentación de rehabilitarnos en una de las realidades mágicas narradas en "Las mil y una noches".
Y es que las pretensiones del viajero contemporáneo que va a Marruecos, no se diferencian, en esencia, de la de aquellos primeros viajeros del siglo XlX Delacroix, Foucauld, Robert Kerr, Joseph Thompson, Jean Potocki- que atraídos por la llamada de lo exótico acudieron a oxigenarse en Marruecos que todavía era acreedor de un estilo de vida puro y sempiterno, del que Europa había renegado, abandonando las sutilezas para dedicarse a los experimentos.
¿Qué nos queda hoy de aquella visión legendaria de un pueblo suspendido en el tiempo, en que las costumbres parecían haberse perpetuado, no en tradiciones reacias a evolucionar, sino en los métodos que marcan las pautas inamovibles de cómo deben ser las cosas cuando están bien hechas? Eso es algo que el viajero deberá constatar personalmente. Inevitablemente se sentirá desconcertado, como el náufrago que abre un cofre enterrado en la tierra, al ser testigo de un sinfín de contrastes y contradicciones, de la tierra, de los habitantes que la pueblan, y del cielo que los protege.
¿Seráel Marruecos de hoy, el Marruecos que buscamos, el soñado?, ¿qué distancia habrá entre éste y el real?
Trataremos de mostrar, a través de varios reportajes, las distintas caras que el país vecino nos ofrece. En este primero, nos centramos en la costa Atlántica: desde Tánger a Essaouira, recorremos varias ciudades costeras.


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